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La política exterior de Milei

Pablo Estomba

La política exterior argentina se ha convertido en un nuevo cocoliche: no hay una línea política, ideológica ni pragmática clara. Los eventos de los últimos meses han rozado la vergüenza, la indignación, la bronca y el desconcierto. 

Vimos a un candidato, y luego a un presidente, que insultó a pueblos y presidentes, y que viaja por el mundo más ocupado en recibir premios de organizaciones de poca monta que en reunirse con sus pares para intentar resolver problemas globales y nacionales.  

En muchos lugares se afirma que la política interna y la externa son dos caras de la misma moneda. Esto podemos verlo en que, por lo general, el marco de alianzas, acuerdos y simpatías responde a un proyecto político interno y a las posibilidades de acción de los gobiernos. Podríamos decir que hay dos motivaciones principales: una ideológica y otra pragmática. Cada proyecto político que se piensa conduciendo al Estado elabora una política exterior que aporte, acompañe o potencie sus objetivos internos, especialmente los económicos. Lo que primó, al menos hasta ahora, fue el interes nacional. Bienvenidos a la politica exterior ultrapersonalista. 

¿Qué pasa con la política exterior cuando el proyecto político se sustenta en la posverdad, la eliminación del Estado y la crueldad frente a los otros? 

Hace muchos años, el sociólogo italiano Max Weber planteaba en su texto "La política como vocación" que los políticos se debatían permanentemente entre dos éticas: la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. La primera guía a los políticos en la idea de que deben seguir principios y valores morales absolutos, independientemente de las consecuencias. Este enfoque pone énfasis en la coherencia con los propios ideales y creencias. La ética de la responsabilidad, por otro lado, se centra en las consecuencias de los actos y en asumir la responsabilidad por los resultados de sus decisiones y acciones. La vida del político es transitar entre estas dos éticas y buscar lo mejor para los intereses de cada nación y cada pueblo, según las bases e ideas que lo llevaron al gobierno y según el contexto nacional e internacional en el cual gobierna. 

Milei parece orientar su política en una supuesta ética de la convicción y construye un sistema lógico basado en la sobre ideologización, la post verdad y la crueldad. Simbologías del dolor. 

Para entender la política exterior de Milei, podemos ver sus viajes, sus alianzas y rupturas, y sus peleas personales. 

Los viajes: conservadurismo, globalismo y premios 

Los viajes de Milei marcan un punto sobre cómo piensa la política exterior: empresarios milmillonarios, organizaciones religiosas ortodoxas y think-tanks anarcocapitalistas o similares. Viajes oficiales más vinculados a una cosmovisión del mundo y la política que a la responsabilidad de gestionar un Estado. Un groupie más que un jefe de Estado. 

En más de una ocasión, planteó que los héroes de la historia son los millonarios. Seres comunes con responsabilidades importantes como acumular riquezas, evadir impuestos y marcar el rumbo para la construcción de una sociedad hiperindividualista. En estos ocho meses de gobierno, Milei se reunió con empresarios de Silicon Valley, referentes del desarrollo de la inteligencia artificial, como Musk, Zuckerberg, y con Apple. Las empresas que impulsan y proponen construir sociedades más encerradas, desinformadas e individualistas. La idea del individuo que construyó un imperio eliminando las fronteras nacionales. Pensemos que Elon Musk, la segunda persona más rica del mundo, tiene una fortuna superior a la de 134 países, y que Ucrania le tuvo que pedir ayuda por sus satélites. 

Por otro lado, parte de estos viajes fueron a Israel y Estados Unidos por intereses religiosos. Una característica del presidente de Argentina es su empaste entre dos tendencias de las derechas argentinas: la tradición liberal y la nacionalista. Esto lo marcó Gisela Pereyra Doval en su artículo "Occidentalismo y diplomacia virtual" de la versión argentina del Le Monde Diplomatique de abril de este año (por favor, no se pierdan este texto: Occidentalismo y diplomacia virtual). La investigadora plantea que Milei recupera rasgos de la derecha nacionalista, en particular aquellos más vinculados a supuestas tradiciones culturales argentinas, algunas más adaptadas que otras. En su artículo nos dice: 

“Con el triunfo de Milei nos encontramos con que la frontera entre ambas tradiciones se está desdibujando. Milei ha incorporado a su programa neoliberal elementos propios de la derecha nacionalista, que se creía anacrónica. Se trata de una corriente que hunde sus raíces en la década del 20, cuando adopta rasgos esencialmente aristocráticos y católicos, de admiración hacia los regímenes autoritarios, particularmente el fascismo y el franquismo, que comenzaban a ascender en Europa, lo que decantó más tarde en el hispanismo. La tradición nacionalista rechazó siempre la ampliación de derechos como una invitación a la revolución socialista, dando lugar a un profundo anticomunismo y a las denuncias conspirativas. Algunas de estas ideas forman hoy parte de los discursos del presidente en el marco de su batalla cultural.” 

Esta mirada nos aporta para pensar un poco en cómo concibe la construcción de su imagen internacional. Milei viajó a Estados Unidos y a Israel para vincularse con la organización judía que lo contiene: Jabad Lubavitch, una de las ramas ortodoxas del judaísmo. Los nuevos derechos, reconocimientos de las minorías, feminismos no son parte de la agenda ni de valores a defender. Las posturas conservadoras del gobierno se manifiestan en su guerra contra un supuesto marxismo cultural que vino a cambiar los valores de Occidente. Podemos ver esto en su trato hacia las feministas y su negación de, por ejemplo, la brecha salarial o su rechazo a la Agenda 2030 y su negación frente al cambio climático. Se manifestó en contra de la interrupción voluntaria del embarazo y la falsa ideología de género. Es un presidente que prioriza su escala de valores personales a la idea de que hay construcción colectiva de valores en la representación que ejerce.  

Milei promueve la idea de que es posible un globalismo conservador que recupere los valores y tradiciones occidentales, homogeneizando las sociedades con la conducción de esos “distintos” con los que él se reúne y aspira a parecerse. 

Sus alianzas y rupturas: sobre ideologización o precariedad 

La sobre ideologización de Milei también es un punto para repensar. ¿Su marco de alianzas y rupturas sobre qué base ideológica se realiza? ¿Cuál es el punto de contacto entre Trump, Abascal, Bukele, Netanyahu o Zelenski? El mundo de la derecha o ultraderecha internacional tiende a ser más nacionalista que Milei. Una de las características de la presidencia de Trump fue recuperar la tríada de la economía que hizo grande a Estados Unidos: mercado interno, consumo y productos industriales para el mundo. La derecha europea se preocupa porque Europa esté poblada por europeos y no por africanos (y, en mucha menor medida, ni por yankis). Mientras que, en la mesa chica del gobierno argentino, asocian al nacionalismo con la política tradicional. ¿Será que, en Argentina, los partidos políticos tradicionales son nacionalistas, y por esto es que aparece un actor de la derecha dura con tintes globales? La historia, bases y acción política del radicalismo y del peronismo (los dos grandes movimientos de masas del siglo XX) tienden a tintes más nacionalistas, más allá de momentos o actores clave que impulsan otra visión. El desarrollo nacional fue un tema central en la construcción de los dos grandes movimientos del siglo XX. El proceso político que hegemonizó parte del comienzo del nuevo siglo toma estos valores y los pone en juego nuevamente en la política nacional. Hoy, se continúa con este clivaje y las ideas nacionales parecen ser asimiladas al statu quo. 

Volviendo a Milei, a los pocos días de asumir anunció que se rechaza el ingreso de Argentina a los BRICS. Este grupo de países, que ya conforman un PBI y población mayor al G7, resultaba una oportunidad ya que son parte 3 de los 5 principales destinos de exportaciones argentinas (Brasil, China e India). Durante la campaña, el entonces candidato dijo que jamás negociaría con comunistas – como Brasil y China, al menos.  

En otra oportunidad, la sobreactuación llevó a la cancillería a publicar un comunicado en el que rechaza el accionar de la Corte Penal Internacional en el caso de la masacre de Israel en Gaza. El comunicado expresa su preocupación por el pedido de detención hacia Netanyahu. Argentina nada tiene que opinar sobre esto. Solo la sumisión lo explica.  El anacronismo de esta definición nos impide pensar en serio que esto responde a una sobre ideologización, sino a una postura ultra-acotada de alineamiento con Estados Unidos y de un movimiento conservador internacional. 

Milei y la post verdad 

La mayoría de las peleas que encaró el presidente se basan en comentarios inapropiados para un jefe de Estado. No solo porque se espera de quienes conducen los destinos de un país, características como la templanza, mesura y determinación, sino también porque es de buenos modales no tergiversar, mentir o intentar denigrar al otro con el objetivo de engañar o influir sobre la opinión pública (creo que este consejo va para la vida). 

El diccionario de Oxford definió la post verdad como “un adjetivo que relaciona o denota circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que las apelaciones a las emociones y las creencias personales”. (esto lo pueden buscar en el diccionario o en el artículo “Post verdad y Relaciones internacionales, Conjeturas sobre un tiempo en el que la verdad ya no importa” de Alberto Lozano que se publicó en la Foreign Affairs de octubre de 2020 Post verdad y Relaciones internacionales). 

La posverdad es un engaño sofisticado y puede abarcar las noticias falsas, la desinformación, la deshonestidad, las mentiras abiertas, los hechos alternativos, los prejuicios diseminados, las teorías conspirativas o los discursos anti científicos. En esencia, se trata del menosprecio abierto de los hechos y la magnificación de la mentira a conveniencia.  Milei convirtió esto en una política de gobierno. 

Repasemos la gira mundial “Peleas Tour 2023/24”: 

Ya durante la campaña presidencial repartió el calificativo de comunista a un amplio grupo de jefes de estado: “No promovería las relaciones con comunistas, ni con Venezuela, ni con Cuba, ni con Nicaragua, ni con China” le dijo a la agencia Bloomberg. 

Brasil: en una entrevista con Jaime Baily de noviembre de 2023, en plena campaña presidencial, llamó a Lula “comunista y corrupto” y aseguró que no se reuniría con él. Luego de esto, una vez presidente, lo invitó a su asunción junto a Bolsonaro. Una forma poco elegante de decirle que no venga. También definió a Lula como “zurdo salvaje apoyando dictadores, tipos que violan los derechos humanos, autócratas con sus manos manchadas de sangre”. Hace algunas semanas desairó al Mercosur al mismo tiempo que se juntaba con Bolsonaro a ver Brasil-Uruguay. No hay mucho que agregar. 

China: durante su campaña resaltó que el Estado argentino no realizaría negocios con China y que él (en primera persona) no realiza pactos con comunistas. A esto se le suma los vínculos de su canciller con Taiwán, territorio chino que se encuentra en disputa. Llegó la negociación con el swap y cambió de idea. 

Colombia: a poco de asumir tuvo un cruce de palabras con Gustavo Petro, presidente de Colombia al que caracteriza como “comunista asesino” y luego dijo que está hundiendo a los colombianos. 

México: a principios de año, cuando recién empezaba su presidencia, tuvo tiempo para repasar la vida de López Obrador y decir que es un “asesino terrorista” y un ignorante.  

España: la última, por lo menos al escribir este artículo, fue con Pedro Sánchez. Le vamos a reconocer que, en esta, los españoles empezaron. Un ministro habló de incomprobables prácticas de Milei, algo sumamente desubicado. Sin embargo, el presidente argentino escaló la situación atacando al presidente del gobierno español.  

Papa Francisco: tanto cuando era un ignoto economista haciendo sus primeros pasos mediáticos como en plena campaña tuvo expresiones un tanto desubicadas: “imbécil”, “representante del maligno en la tierra” o que tiene “afinidad con los comunistas asesinos”. Tal vez, la espiritualidad del Santo padre lo moderó y ahora está con buena vibra con Francisco.  

Podríamos seguir, pero se hace largo. Lo que tenemos que destacar es que la apelación a insultos, falsedades y agresiones se convirtieron en parte de la caja de herramientas con la que construye la política exterior este gobierno.  

Milei, no solo es un fenómeno nuevo por su discurso disruptivo o por su marginalidad en el mundo de la política económica, sino también por su falta de ubicación en el rol que tiene. Los datos económicos y sociales de sus primeros meses y sus discursos, apariciones públicas dan cuenta de que su registro es otro.  

¿Nos quedamos fuera del mundo? 

Argentina tiene un rol estratégico muy importante en términos de economía, defensa y desarrollo. Los debates de los próximos años nos ponen en un lugar central: recursos naturales, desarrollo humano, ambiente, Antártida, energía y alimentos son algunos de los temas en lo que podemos hacer y decir mucho. La integración regional y el multilateralismo son conceptos y políticas muy profundas en nuestro hacer internacional.  

La política de Milei corta esta visión de largo plazo. Volvemos a un punto de inflexión, de política de corto plazo, con problemas en los marcos de alianzas y rupturas, de subordinación y sobre todo irracionalidad política y estratégica. Estamos en un momento en que el interés nacional no es lo que se discute y buscan quienes deciden las políticas. El interés personal es lo que mueve a nuestro presidente y esto puede llevarnos a aislarnos cada vez más del mundo. Esa pesadilla de los liberales de siempre. 


 
 
 

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